Síndrome de la cabaña: un síndrome de “moda”.

sindrome de la cabaña

El síndrome de la cabaña básicamente es el miedo o rechazo a volver a la calle e interactuar con el exterior. Como tal puede atribuirse a cualquier persona que, habiendo estado confinada, tiene miedo o rechazo a salir del mismo. Presidiarios, por ejemplo. O la gente que se ha estado cuidando frente al coronavirus; es decir, todas las personas que sí pudieron cumplir con la cuarentena.

¿Pero necesitamos más síndromes para hablar de miedo y ansiedad? Ya tenemos la evitación experiencial. Por ejemplo, cuando evitas hacer la presentación en powerpoint porque eso te hace pensar en la junta con los compañeros, que te produce malestar porque piensas que vas a hacer el rídiculo porque imaginas que se te va a olvidar todo. Es decir, la tendencia a evitar cosas o situaciones que nos son desagradables.

También tenemos ya las fobias sociales: miedo a algún tipo de interacción con las personas. Los ataques de pánico: que pueden estar dirigidos a cualquier cosa. La ansiedad y otros conceptos para hablar de las emociones que tenemos al enfrentar una situación problemática, aversiva o que nos ponen en peligro (sea real o imaginario). Básicamente cosas que ya nos hablan de miedo o ansiedad a algo (a salir de casa, podría ser). Entonces, ¿no es ya excesivo tener otro síndrome para hablar de prácticamente lo mismo?

Además, ¿es útil para nosotros como personas estar al pendiente de cada síndrome que surge como el de la cabaña? ¿No estamos ya cayendo en un exceso que puede ser simplificado y que cubra todas las posibilidades del malestar humano? ¿Cómo? Pues nos parece que bastaría tener claro, hablando de emociones y de nuestra vida, que no nos gusta cómo nos sentimos o nos comportamos, ir con el especialista y que nos dé una dirección de qué hacer para aprender a superar nuestros conflictos.

En la lógica de crear más síndromes podríamos hablar de lo opuesto al síndrome de la cabaña. Personas que viven en el exterior, por ejemplo, niños de la calle, que tienen miedo de volver a una casa… ¿Entonces, tendríamos otro síndrome? Para el caso, es lo mismo solamente que al revés, pero nadie habla de que eso sea un síndrome (tampoco es que falte).

¿Y de qué nos serviría ahora saber que los de afuera le tienen miedo al interior? Vale, quizá para ayudarlos a reintegrarse a dicho entorno, ¿pero para qué el nombre y para qué esa lista de síntomas que pudieran ser o no compartidos por todos los que se supone lo padecen? ¿No es más sencillo identificar dicho problema y aplicar una estrategia de adaptación al nuevo entorno para ello?

Otra persona, más inteligente, podría decir que primero hay que ver porqué no quiere regresar ese muchacho a su casa, quizá hubo alguna agresión. ¿Ya vas viendo porqué es mejor analizar casos concretos en vez hacer síndromes a destajo?
Lo que nos lleva a pensar, en el caso del síndrome de la cabaña, ¿no podríamos hablar de que ese miedo tiene algo de sensatez bajo ciertas circunstancias?

Tomemos una definición de esa página que aparece en el buscador de google (sí, vamos a copiar y pegar) y cuestionemos (eso será nuestra aportación que la pondremos en otro color) los síntomas que ponen del mentado síndrome de la cabaña:

“A nivel cognitivo:

1) pensamientos catastrofistas vinculados a lo que se encuentra más allá de los límites del hogar

2) preparación y anticipación de un posible plan de acción si ”algo malo ocurriese

3) pensamientos en bucle en lo que conlleva al máximo control tanto del entorno como las propias reacciones.”

Tomado de: https://www.copmadrid.org/wp/sindrome-de-la-cabana-cuando-la-libertad-se-convierte-en-un-problema

Ahora nuestros cuestionamientos:

1) ¿Esto no lo puede tener cualquiera que ha sufrido un ataque: asalto, violación, accidente de auto y en consecuencia ser más precavido?

2) ¿Esto no puede presentarlo alguien que ha sufrido algún incidente y por tanto toma previsiones: gente enferma o con una condición que lo hace más vulnerable a contraer la nueva enfermedad?

3) ¿Alguien que sale a la calle, no podría darse instrucciones para controlar su propia conducta y así evitar o hacer más probable que le sucedan cosas en su entorno?)

¿Gente "sana" con conductas "enfermas"o qué tenemos aquí?

El tema sería aquí, al ir dando fundamento uno a uno a los síntomas, pero como los presenta entra dentro del cuadro del síndrome. ¿Qué hacemos? ¿Le decimos a esa persona: usted tiene síntomas de un síndrome pero las razones de su pensar y actuar son perfectamente razonables y justificadas?

¿Para qué hablamos entonces de que una forma de pensar y actuar pertinente a nuestra circunstancia de vida, salud y social es tener un síndrome? ¿No es acaso todo eso un sinsentido?

Ojo, no decimos que no se ayude a alguien que sufre un problema, al contrario creemos que basta identificarlo, sin una etiqueta genérica que realmente no explica nada, y ayudarla a resolverlo.

El síndrome de la cabaña ante el covid-19.

Si ponemos en el contexto actual el síndrome de la cabaña tenemos que señalar el hecho de la nueva enfermedad: el covid-19.

Además, se nos invadió con cientos de notas que nos hablaban de los millares de casos de infectados y las muertes. Hay gente que ha recibido ambas dosis de la vacuna y ha muerto. Y claro, hay las que lo recibieron y justo por eso se han salvado. Tenemos cada caso por sus características personales de salud a considerar.

Desde la aparición de la enfermedad hubo muchas indicaciones de las autoridades: guardarnos en casa para evitar el contagio y la muerte, y todas las medidas de higiene para evitarlo. 
De esta manera, el miedo a retomar nuestras actividades fuera de casa, justamente por el temor a contagiarse y sufrir consecuencias graves de la enfermedad, es algo comprensible y no ha sido del todo irreal el motivo.

Y claro, sabemos que hay personas que tienen que regresar a sus trabajos por demanda de sus empresas, porque la naturaleza de su trabajo así lo requiere. Pero tienen miedo y no quieren salir. Llegan al consultorio y presentan su dilema. Ahí, efectivamente tenemos un problema: el que nos refiere el paciente y quiere resolver. Más allá de síntomas, el tema es que asista a su trabajo porque no quiere perder el empleo. ¿Para qué nos serviría destruir los síntomas del síndrome? ¿Acaso no es necesario que tome sus previsiones, y con todo y miedo, salga y vaya a su trabajo? Esto es, cuidándose.

¿Pero qué ocurriría en los casos en que alguien puede llevar a cabo su trabajo desde casa, y no solamente lo lleva a cabo porque le tiene miedo a contagiarse (hecho real), sino que también ya se siente feliz porque ahora puede compartir muchas cosas que antes con su trabajo no podía? ¿Quién va a decidir que eso es síndrome o no? Tiene miedo a salir de casa, sale lo indispensable. Pero está bien con el hecho de permanecer en cuarentena. ¿Acaso tendrá un síndrome de incoherencia porque tiene síntomas pero es feliz aún en su condición? Podemos ponernos muy quisquillosos e inventar más síndromes o sub-síndromes, ¿pero para qué?

Más que síndromes necesitamos analizar problemas de vida.

Desde nuestro punto de vista el síndrome de la cabaña es absolutamente innecesario. Un problema que realmente merece nuestra atención sería si, y solamente si, una persona como la hipotética antes mencionada refiere: quiero ya salir de casa, no quiero que me corran, pero no puedo y eso me hace sentir mal. No si cumple o no con x o y criterios del síndrome. Esos no nos revelan nada acerca del malestar humano. En la vida de las personas no basta decir que tiene miedo o no, es necesario analizar el contexto particular que vive y si lo que está haciendo, o no puede hacer, le produce malestar para luego entonces intervenir.

Básicamente, puede ser que alguien se comporte de una forma que NO le gusta o que se sienta de una manera que NO se quiere sentir (o ambas) y debido a ello, no puede lograr algo que quiere. No es que tenga “x” o “y” síntoma de algo genérico que ni siquiera contempla tu situación de vida actual.

¿Qué es verdaderamente un problema psicológico?

Básicamente, puede ser que alguien se comporte de una forma que NO le gusta o que se sienta de una manera que NO se quiere sentir (o ambas) y debido a ello, no puede lograr algo que quiere. No es una enfermedad, no es un trastorno, es un problema psicológico que se puede resolver con un proceso de terapia. No es que tenga “x” o “y” síntoma de algo genérico que ni siquiera contempla tu situación de vida actual.

Si tienes un problema psicológico, no importa si encaja o no en un síndrome o trastorno, acude al especialista: el psicólogo. Acá te dejo un botón para que contactes unos que te recomiendo consultar y son buenos:

Nota realizada por el psicólogo Jesús Sánchez. Acá su página web: https://terapiaapsicologica.com/jesus-sanchez-psicologo-interconductual/

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